Hunting Box » Caza » La caza y los cupos

La problemática de los cupos está servida desde hace tiempo: unos piensan que coartan la actividad cinegética; otros, que sin ellos ya no habría caza. ¿Son necesarios los cupos?

Los cupos de caza son una herramienta que sirve para controlar la población de las especies cinegéticas. Dichos cupos imponen a los cazadores una cantidad máxima de piezas a abatir durante una jornada de caza y, siendo objetivos, se puede considerar una buena herramienta cuya finalidad es positiva para todos. El problema viene cuando esos cupos son determinados en base a una información errónea o falsa.

Cada cierto tiempo los cotos tienen que presentar a las respectivas Consejerías de Medio Ambiente un plan técnico de caza o una revisión del anterior. En dicho plan aparecen, entre otros, datos socio-demográficos, las actividades ganaderas y agrícolas practicadas en el coto y, lo que se podría considerar de mayor importancia, datos referentes a los censos poblacionales de las distintas especies. Con arreglo a la información recogida en dichos planes técnicos, la Administración dictamina unos cupos más o menos generosos.

En multitud de ocasiones, bien por comodidad, bien por economía, los titulares de los cotos prefieren contratar a personas situadas a cientos de kilómetros que son capaces de realizar censos de las distintas poblaciones y recopilar toda la información necesaria para la redacción de dicho plan sin poner un pie en el coto. Es aquí donde aparece el primer error, ya que estas personas redactan lo que al titular del coto le conviene sin contrastar si dicha información es real o no.

Para más inri, muchos titulares inflan las cifras de los censos para conseguir cupos más elevados que atraigan a más clientes o socios, lo que es “pan para hoy, hambre para mañana”. Al recibir la Administración esa información errónea impone unos cupos que no son viables para la conservación de algunas poblaciones, por la excesiva presión cinegética que se ejerce sobre ellas.

Por otro lado, existen cotos que hacen correctamente sus planes técnicos y revisiones, arriesgándose a convertirse en víctimas de cupos restrictivos que ahuyenten a los cazadores. Pero en muchos de estos casos, la Administración no les concede permisos para sueltas de repoblación o para control de predadores, lo que en pocas palabras significa que: “si estás mal, te aguantas”. Esto puede provocar que la gente que quiere hacer las cosas bien acabe pasándose al lado de los que ensombrecen en sus planes técnicos y sueltan animales para repoblar a escondidas.

Por último, debemos acordarnos de nosotros mismos, los cazadores. Muchos de nosotros somos los primeros en criticar los cupos y a menudo no los cumplimos, cuando somos, en parte, culpables de que se nos impongan y los principales interesados en que las poblaciones se mantengan o aumenten.

No se trata de buscar culpables, no se trata de excusar a unos porque los otros lo hacen mal, ni se trata de ser victimistas. Simplemente debemos ser conscientes de que los cazadores somos parte importante en la conservación de nuestro hábitat, además de ser los que vemos, temporada tras temporada, el declive de la perdiz roja, la costosa recuperación de las poblaciones de conejo, la cada vez mayor escasez de codornices o el incremento de las poblaciones de jabalí y arruí. Por lo tanto, no convirtamos esto en un juego y hagamos todo lo posible para la recuperación de esas especies que lo están pasando mal. Nos beneficiará a todos, beneficiará a la caza.

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